DINASTÍAS · HISTORIA Y PATRIMONIO
El Museo Nacional de Bellas Artes de Quebec exhibe por primera vez quince joyas vinculadas a los Habsburgo. La pieza central es el Diamante Florentino, de 137 quilates, considerado perdido durante más de un siglo.
El legendario Diamante Florentino vuelve a mostrarse públicamente después de permanecer fuera de la vista durante más de cien años. La gema constituye la pieza principal de la exposición Hidden Treasure: A Century of Mystery, abierta el 4 de septiembre en el Museo Nacional de Bellas Artes de Quebec.
La muestra reúne quince joyas asociadas a la familia Habsburgo y conservadas durante décadas en secreto. El museo presenta el conjunto como testimonio de una historia de exilio, transmisión dinástica y supervivencia que enlaza el final del Imperio austrohúngaro con Quebec.
El Diamante Florentino pesa 137 quilates, posee un característico tono amarillo claro y está tallado en doble rosa. Considerado uno de los mayores diamantes históricos conocidos, recorrió distintas cortes europeas antes de incorporarse al tesoro de los Habsburgo. Durante gran parte del último siglo se creyó perdido.
El tesoro de una familia en el exilio
El recorrido de las joyas está unido a la emperatriz Zita de Borbón-Parma, última emperatriz de Austria y reina de Hungría. Tras el derrumbe de la Monarquía austrohúngara al finalizar la Primera Guerra Mundial, el emperador Carlos I y su familia marcharon al exilio.
En octubre de 1940, mientras las tropas nazis extendían su dominio por Europa, Zita encontró refugio en la ciudad de Quebec junto a varios de sus hijos. La familia residió en Villa Saint-Joseph, en Sillery, y llevó consigo un conjunto de joyas que permanecería oculto en territorio canadiense durante décadas.
La exposición reconstruye este itinerario desde el legado de la dinastía y el matrimonio de Carlos y Zita en 1911 hasta su inesperado acceso al trono, la desaparición del Imperio en 1918 y los años de destierro. El relato culmina con las quince piezas y la maleta que las protegió.
Del Toisón de Oro a María Antonieta
Junto al Diamante Florentino se exhibe una insignia del Toisón de Oro del siglo XVIII que fue utilizada durante el velatorio de Carlos I. La pieza expresa la estrecha relación histórica entre la orden de caballería, la Casa de Habsburgo y la tradición católica de la dinastía.
El conjunto incluye asimismo un reloj de bolsillo que perteneció al ajuar de María Antonieta. La pieza fue puesta a salvo durante la Revolución francesa y entregada después a su hija, María Teresa de Francia, con motivo de su matrimonio.
La reaparición del tesoro no constituye únicamente un acontecimiento museístico. Devuelve a la documentación pública un conjunto que atravesó el final de una monarquía, dos guerras mundiales y varias generaciones de exilio. Las joyas conservan así una doble condición: objetos de extraordinario valor artístico y testimonios materiales de la continuidad de una casa dinástica después de la pérdida del trono.